El poder de tender la mano: Reflexión Dominical
- melecuen
- 12 oct 2025
- 3 Min. de lectura
El poder de tender la mano: Reflexión Dominical
“Es de bien nacidos ser agradecidos.” — Dr. Héctor Melesio Cuén Ojeda
Desde antes de ser rector, mi padre ya era conocido en los pasillos de la universidad por una frase que se repetía una y otra vez: “Si no puedes resolverlo, busca a Cuén.” Y no lo decían porque tuviera poder, sino porque tenía algo mucho más valioso: disposición. Siempre tendía la mano, siempre estaba para ayudar. Desde estudiante, consejero universitario, maestro o rector, su vocación fue servir.
Decía con frecuencia que “es de bien nacidos ser agradecidos”, y lo decía porque él sabía lo que era empezar desde abajo, esforzarse y ser apoyado por otros. Por eso, cuando la vida le dio la oportunidad de ayudar, ofreció no solo una mano, sino las dos, y con ellas, su tiempo, su palabra y su corazón.
A lo largo de su vida, la gente lo buscaba, la gente lo quería. Porque él representaba algo muy simple pero muy profundo: esperanza. Y cuando un líder deja esa huella en la comunidad, no hace falta estar en el cargo para seguir presente. Su legado continúa cada vez que alguien, desde el aula o desde la calle, recuerda que ayudar también es una forma de agradecer.
Con ese espíritu nació la Fundación Héctor Melesio Cuén, inspirada en su ejemplo y con una misión clara: ayudar a los que más lo necesitan, tender la mano a quienes buscan una oportunidad para salir adelante. No solo se trata de asistir, sino de transformar. De enseñar que siempre hay un camino, una posibilidad, una nueva forma de mirar la vida.
Una de las acciones que más orgullo nos da son las clínicas de bateo, realizadas en coordinación con BEISBOX. Son espacios donde se reúnen grupos de niñas, niños y jóvenes en situación vulnerable para aprender no solo a batear una pelota, sino a descubrir que pueden lograr mucho más de lo que imaginaban.
El bat que les entregamos no representa solo un instrumento deportivo, sino una herramienta de vida. No buscamos formar peloteros profesionales, sino sembrar en ellos el valor del esfuerzo, la disciplina y la superación. Ver a un niño sonreír porque aprendió algo nuevo, porque se sintió capaz, porque descubrió su propio talento, es el mejor resultado que podemos obtener.
Durante estas clínicas no solo se enseña deporte. Se conversa, se comparte, se inspira. Se les habla del emprendimiento, de cómo nacen los sueños que después se convierten en empresas, como lo fue el caso de BEISBOX, un proyecto nacido del amor por el deporte y por la gente.
Pero las clínicas de bateo son solo una de las muchas acciones que realiza la fundación. A través de jornadas de salud, programas educativos, apoyos sociales y actividades comunitarias, buscamos mantener viva la esencia que mi padre sembró: servir sin esperar, ayudar con alegría y transformar con el ejemplo.
Estas iniciativas fueron reconocidas a nivel nacional por organismos federales como una de las Mejores Prácticas de Responsabilidad Social y Empresarial, un reconocimiento que no solo honra nuestro esfuerzo, sino también la memoria de quien nos enseñó que ayudar siempre dignifica.
Por eso, hoy te invito a ti, a tu comunidad, a tu escuela, a que te acerques a la Fundación Héctor Melesio Cuén. Si conoces grupos de personas que quisieran participar en una clínica de bateo o en cualquiera de nuestras actividades sociales, contáctanos. Nosotros nos encargamos de todo: traslado, alimentación, capacitación y acompañamiento. Lo hacemos con el corazón y con la convicción de que sembrar oportunidades es el primer paso para cambiar vidas.
Mi padre solía decir que cuando alguien necesita ayuda, no basta con sentir compasión: hay que actuar. Que el agradecimiento no se demuestra con palabras, sino con hechos. Y que no hay mayor gratitud hacia la vida que devolver a los demás un poco de lo mucho que hemos recibido.
Por eso, esta reflexión es también un llamado: a mirar hacia quienes más lo necesitan, a tender la mano sin esperar nada a cambio, a entender que cada vez que ayudamos, también sanamos algo en nosotros mismos.
Las grandes obras comienzan con gestos pequeños. Y mientras existan corazones dispuestos a servir, ninguna comunidad estará sola, ninguna silla quedará vacía, y ningún sueño quedará sin intentar.
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Gracias por acompañarme en esta nueva Reflexión Dominical. Como siempre, aquí estoy, cercano y a la mano, compartiendo lo que la vida me enseña.


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